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Hacer el pasillo no debería verse como una humillación

26 de abril de 20263 min de lectura
Hacer el pasillo no debería verse como una humillación
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La brecha de 11 puntos entre el Barça y el Real Madrid podría permitir en la próxima jornada convertirse al equipo de Hansi Flick campeón de Liga por segundo año consecutivo, coincidiendo con una victoria blaugrana el sábado próximo en El Sadar y que al día siguiente los blancos no ganaran e en el RCDE Stadium.
Esta combinación de resultados permitiría celebrar el título desde el mismo sofá de casa viendo el desenlace del campeonato por televisión a falta de cuatro jornadas para que finalice el campeonato.
Con ello, cuando se juegue el Clásico del Camp Nou, los de Álvaro Arbeloa serían el primer rival que debería de hacer el pasillo de campeones al FC Barcelona. Un hecho que se contempla como un acto humillante para el equipo que lo tiene que hacer, en vez de honrarle por su gesto de deportividad.
Por muy grande que sea la rivalidad entre ambos contendientes y que esta se haya enturbiado por los efectos perversos del ‘caso Negreira’, el ‘fair play’ debería de prevalecer por encima de todo. En este sentido, es de mayor grandeza saber ganar que perder, por lo que se debería reconocer al Madrid si sabe estar a la altura de las consecuencias, con un aplauso del Camp Nou, por muy insólita que pueda parecer esta reacción.
No sería esta la primera vez que ambos equipos se rindan pleitesía. Una de ellas coincidió con el famoso motín del Hesperia, en que la plantilla del Barça pidió públicamente la dimisión del presidente Núñez. La afición recibió a sus jugadores con una impresionante pitada, mientras rendían honores a los campeones de la Liga 87-88.
Pero tres años más tarde, con la primera de las cuatro que ganaría el Dream Team, en la última jornada el equipo de Cruyff jugó como campeón en la última jornada en el Bernabéu contra la ‘Quinta del Buitre’. En un partido que me correspondió narrar para TV3, una excesiva presencia de cámaras frente al túnel de acceso a los vestuarios desdibujó el momento histórico.
La rivalidad mal entendida llevó al Espanyol a negarle el reconocimiento a su eterno rival. tras la conquista de los blaugranas de su primera victoria en la Copa de Europa en el estadio de Wembley el 20 de mayo de 1992.
En su posterior visita al estadio de Sarrià, el equipo blanquiazul dirigido por Javier Clemente, se negó por votación de su plantilla a hacer el pasillo al vigente campeón europeo. Aquello hizo que todo un caballero como Ferran Martorell, tal como había advertido, abandonase el palco en señal de desacuerdo por la descortesía de sus futbolistas.
Aquello le provocó muchas críticas al bueno de Ferran, al que incluso el sector más radical del espanyolismo le llegó a tachar de culé.

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