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La historia detrás del Clásico de Liga entre Barcelona y Real Madrid

10 de mayo de 20264 min de lectura
La historia detrás del Clásico de Liga entre Barcelona y Real Madrid

Los hermanos Navarro, Joaquín y Alfonso, protagonizaron el único duelo entre hermanos en un Madrid-Barcelona liguero y la victoria cayó de manera rotunda del lado del madridista: 6-1 La historia de los Clásicos está llena de pequeñas historias. Goleadas, fichajes que cambiaron el presente y el futuro de los clubes, enfados, polémicas que recorren décadas, incidentes, frases eternas. Y una caterva de duelos cargados de peculiaridades. Entre ellas aparecen dos partidos entre Barcelona y Real Madrid en los que se vieron cara a cara hermanos. El primero fue un amistoso. El 3 de julio de 1932, en un partido en Las Corts que contó con la presencia del presidente de la Generalitat —Francesc Macià, de ERC— , el Barcelona alineó a Carles Bestit Martínez ; en el once del Madrid estaba su hermano Tomás. Dos veces se pusieron los blancos por delante y dos veces devolvió Samitier las tablas al marcador. Meses después, el bigoleador e institución del Barcelona se convertía en jugador del Madrid. Ese enfrentamiento fraternal sólo se ha repetido una vez más. Y esa sí que fue en un partido de Liga. 18-9-1949 Esa es la historia de los hermanos Navarro Perona, Alfonso y Joaquín. Naturales de Gavà, el primero en agosto de 1928 y el segundo en abril de 1921, a ellos pertenece el honor de ser los únicos hermanos que han jugado un Clásico. Para ellos no era algo nuevo enfrentarse. Antes de hacerlo en Chamartín, a finales del verano de 1949, sus caminos ya se habían cruzado varias veces antes, tres de ellas en Primera. Con Alfonso en la delantera del Barcelona y Joaquín en la zaga del Sabadell, chocaron tres veces en la Liga. Las dos en la Creu Alta cayeron del lado azulgrana; la que se jugó en Las Corts es la única victoria arlequinada en sus catorce visitas ligueras a la casa del Barcelona. El Clásico lo ganó Joaquín, el madridista, por aplastamiento:6-1. 'El Fifo' En la carrera de los hermanos Navarro hay tres camisetas que se encuentran, tres clubes que se repiten. Los dos defendieron las de Barcelona, Sabadell y Real Madrid. Solo en la Casa Blanca compartieron vestuario. Eso ocurrió entre 1951 y 1952. El 21 de enero de 1951, en una derrota liguera en Mestalla por 2-1, fue la primera vez que jugaron juntos. A su nombre quedó pegado un apodo: el Fifo. Porque en octubre de 1953 fue elegido, junto a Kubala, para representar a España en el partido homenaje a los 90 años de la Federación Inglesa. Inglaterra y una selección de la FIFA empataron a cuatro en Wembley. El lateral madridista regresó encantado de la experiencia, de la que aseguraba era el punto más alto alcanzado en su carrera. Tanto que el periodista de MARCA que habló con él a su regreso le acabó preguntando qué haría al colgar las botas. “Me marcharé a mi pueblo, en Gavà, donde tengo un pequeño negocio, y me dedicaré por completo a él. Cuando me retire del fútbol lo abandonaré completamente y me convertiré en un aficionado, en un espectador”, respondió. Por delante le quedaban aún cuatro temporadas en el Madrid, en las que ganó todos los títulos de su carrera. En Chamartín colgó las botas. Falleció el 5 de noviembre de 2002, en Barbastro. Alfonso murió joven La vida de su hermano Alfonso fue mucho más corta. A los 41 años, el 10 de agosto de 1969, moría en Viladecans víctima de un tumor incurable contra el que combatía desde hacía tiempo. En la familia de raíces murcianas, Alfonso llegó al mundo en Gavà el 8 de abril de 1928. A los 16 años era una figura del equipo de su pueblo, del que pasó, como su hermano, al Barcelona. De la mano de Samitier escaló rápido en el club culé. Joaquín Navarro, el segundo arriba de izquierda a derecha, den un partido del Madrid de la temporada 1953-54. Allí estuvo cuatro temporadas y fue dos veces campeón de Liga. El puente para llegar al Madrid fue el Sabadell, donde apenas jugó a causa de una lesión. En Chamartín apenas jugó cinco partidos y no ganó nada. Su carrera, que acabó en el Sant Andreu, le llevó por un sinfín de equipos, incluido el regreso al Barcelona. Ya retirado, alguna vez jugó con el Gavà si faltaban jugadores. Y, mientras la enfermedad le dejó, se ponía a jugar en la calle con los chavales del pueblo.

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