Los motivos de un “no” que el madridismo tardará en olvidar

Lo primero de todo es importante aclarar que sí: el sueño de Rodri Hernández (Madrid, 1996) siempre ha sido jugar en el Real Madrid. Pero el destino, en la primera de las oportunidades que tuvo de ir al club blanco, y una decisión meditada hasta la saciedad en la última, ocurrida este verano, han querido que el centrocampista español acabe firmando por el Barcelona. Así de extraño es, a veces, este deporte. Porque sí, las estrellas mundiales siempre juegan donde quieren… pero en este escenario, Rodri decidió no cumplir con su sueño. Y aquí van algunos de los motivos de una decisión que el madridismo tardará en olvidar.
Antes, toca explicar la primera oportunidad para poner todo en contexto. Para ello hay que regresar a 2019. Por aquel entonces, Rodri era jugador del Atlético… pero el City de Pep Guardiola había puesto sus ojos en él. Ese verano, el centrocampista esperó hasta última hora a que llegase una oferta del Madrid. Pero por aquel entonces, con Kroos, Modric y Casemiro en sus filas, nunca fue una opción real. Así que Rodri decidió abonar su cláusula para marcharse a Mánchester. A toro pasado, que siempre es más fácil analizarlo todo, fue la mejor decisión de su vida. El entrenador español cambió por completo su carrera deportiva y consiguió explotar mejor que nadie todo lo que el centrocampista tenía dentro.
Y ahora, a la última. Aunque el madridismo estuvo meses pidiendo a gritos el fichaje de Rodri este verano, el Madrid nunca lo tuvo claro. Todo lo contrario. No fue hasta después de la final del Mundial cuando, tras todas las exhibiciones de Rodri, el castillo de naipes blanco se derribó por completo ante las numerosas pruebas que obligaban a no dejar pasar esta oportunidad. Último año de contrato, salida de Pep Guardiola (su continuidad siempre fue clave en no mirar más allá de Mánchester) y un futbolista que reunía buena parte de lo que le faltaba al Madrid. Se puso a tiro… y no quedó más remedio que intentarlo.
Y ese quizá fue el problema de todo: intentarlo sin el convencimiento absoluto. Algo que el futbolista notó. El Madrid se puso manos a la obra tras la segunda estrella de España. Le llamó Florentino Pérez, José Ángel Sánchez… y ya. Raro en estos casos, cuando el fichaje de una estrella mundial suele paralizar todo e involucrar a todos. Y aquí toca volver a pausar la historia. Porque antes de esas llamadas había todavía demasiadas dudas dentro del club blanco. Claro que Rodri iba a venir bien a la plantilla y que iba a sumar mucho… pero no era exactamente lo que se buscaba. Ni por edad ni por estilo futbolístico. “Duerme mucho el balón, no es lo que buscamos”, fue la frase que retumbó con fuerza en Valdebebas. Incomprensible, lo mires por donde lo mires.
Se buscaba un perfil más dinámico y con más fuerza para el centro del campo. Parece que los datos de Rodri en el Mundial y su récord de otro planeta (completó más pases que ningún otro futbolista en una misma edición del Mundial, con un porcentaje de acierto superior al 93%) no servían para nada. Pero, lo dicho antes, se puso a tiro y se intentó. Y otra vez el mismo punto. Porque cuando la ilusión por un fichaje no brilla desde el primer día, las cosas no suceden como tienen que suceder. Por poner un ejemplo. Mourinho sí llamó a Cucurella… o a Bernardo Silva, en varias ocasiones, cuando el Atlético apretaba por fichar al portugués. Ahí está la diferencia: interés y ganas por fichar a quien debería ser una pieza clave del proyecto.
En el otro lado, el Barça sacó a pasear toda su artillería. Le llamó Deco, Laporta, Flick… y prácticamente toda la plantilla. Poco más y el jardinero del club casi descuelga el teléfono para saber cómo de alto querría el césped el centrocampista español. Pero no, Rodri no decidió fichar por unas llamadas. Importante también aclarar que la oferta económica de ambos equipos era la misma. Y eso quizá es lo que más le duele al madridismo. No se marcha por dinero, sino por el proyecto. Su fútbol encaja a la perfección en el estilo del Barça, que es el mismo de la selección campeona del mundo. Y el proyecto tiene ya toda su base bien construida, con pilares importantes muy definidos y una jerarquía muy marcada dentro de la plantilla.
En el Madrid, en cambio, el proyecto es una bomba de relojería. ¿Puede salir un Rolex? Obvio, es el Madrid. Pero también puede explotar antes de tiempo. Y, a sus 30 años, esa incertidumbre es difícil de aceptar, más aún cuando en el otro bando todos se han movido para traerte. Por eso, cuando Rodri lo tuvo claro, lo primero que hizo fue llamar al Madrid, a José Ángel Sánchez. Agradecerles su interés, su respeto y su educación (eso nunca faltó) y zanjar un culebrón que nunca buscó el jugador. Y esperar a que el Barça cumpliese su parte con el City, en un acuerdo que necesitó de cinco ofertas hasta lograr convencer al club inglés. Por eso, con el paso de las semanas, cuesta entender cómo el Madrid ha dejado escapar a Rodri. Un futbolista que dio largas a las ofertas de renovación del City a la espera de una llamada que terminó llegando… pero cuyos cantos de sirena nunca fueron los que había soñado.
Rodri siempre se imaginó entrando por la puerta grande del Bernabéu y ante una afición que siempre le quiso. No como una oportunidad de mercado en medio de un escenario blanco cargado de mil dudas. Porque el Barça vio la misma oportunidad... y se lanzó con todo.
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