Miguel Muñoz le dio al Madrid su primer Teresa Herrera

El museo del Real Madrid está lleno de trofeos que llegaron a la Casa Blanca gracias a Miguel Muñoz. Bien como jugador y, sobre todo, como entrenador. En esa majestuosa colección hay nueve copias del Teresa Herrera, el torneo de verano decano en España y al que el Real Madrid regresa después de 13 años. La primera de ellas data del 26 de junio de 1949. Gracias a un gol de Miguel Muñoz, el Real Madrid derrotó por 2-1 al Racing de París en la tercera edición de un trofeo nacido con la intención de medir en Riazor a los mejores equipos españoles con rivales de tronío internacional. La premura hizo que en la primera edición ese plan no se llevara a cabo. Los elegidos fueron el campeón de Liga, el Sevilla, y el tercero, el Athletic. Tras irse la primera edición a Andalucía (3-2), en la segunda el Barcelona derrotó por el mismo resultado al Vasco da Gama. La tercera fue la que vio el estreno de los blancos. La previa del Teresa Herrera era entonces el cierre de la temporada. El 23 de junio, Madrid se echó a la calle para recibir a la selección. España había ganado de manera contundente en dos amistosos: 1-4 en Dublín y 1-5 en París. El equipo de Guillermo Eizaguirre y Benito Díaz echó a la calle a millares de personas. Ese mismo día llegaba el Racing parisino a A Coruña. En aquella selección solo había viajado un jugador del Madrid: José Bañón, el portero suplente. Apenas le dio tiempo a cambiar la maleta, porque el meta alicantino estuvo en la expedición para viajar a Galicia. La expectación era tremenda a pesar de que el equipo francés llegó con bajas y un estado de forma lleno de dudas. Desde hacía semanas se organizaban viajes desde toda Galicia para ver un partido cuyos ingresos se destinaban de manera íntegra a ayudar a hospitales coruñeses. Con las gradas repletas y el público volcado a favor del equipo español, echó a rodar la pelota. El entusiasmo alrededor del Madrid se esfumó y se transformó en una especie de enfado y frustración ante el mal juego de los blancos y la buena puesta en escena de los franceses. El Racing, que el 8 de mayo había ganado su quinta Copa de Francia —la última hasta hoy— al golear 5-2 al Lille, se adueñó de la tarde. A los 19 minutos, un gol de Georges Moreel dio sentido al dominio parisino. La cadena de errores defensivos del Madrid, no solo de sus zagueros, llevaba a Bañón por la calle de la amargura. De una de esas fallas surgió la jugada en la que el extremo zurdo del Racing abrió el marcador. La llegada del descanso dio aire al equipo que entrenaba Baltasar Albéniz y que cuatro días antes había goleado en Chamartín a otro equipo parisino: 5-0 al Stade Français. Herido en su orgullo y aguijoneado por la censura de la grada, el Madrid encaró la segunda parte con rabia. Y con un problema, porque un choque de Navarro con Vignal, el meta francés, dejó al madridista fuera de combate. A ese contratiempo severo encontró el Madrid la ayuda del viento, que sopló con más fuerza en dirección a la meta francesa. Al mando de esa reacción se colocaron dos piezas del centro del campo madrileño: Narro y Miguel Muñoz. Mejorada en todas sus líneas, la ofensiva del Madrid dio la vuelta al marcador en apenas tres minutos, del 53 al 56. El empate llegó con una jugada marca de la casa de Narro: un arranque de genio y un disparo desde la frontal. El segundo fue a través de un libre directo lanzado por Muñoz después de un derribo a Olmedo. Cambiado de manera radical el ambiente, la victoria del Madrid se celebró a lo grande. Ante un entusiasmo disparado, Bañón recibió el preciado trofeo de manos del alcalde de la capital coruñesa: Alfonso Molina Brandao. Se celebraba también que el trofeo, al que se le daba rango de defensa del fútbol patrio, volvía a quedarse en manos de un equipo español. Eso cambiaría en la siguiente edición, la cuarta, porque en 1950 la Lazio derrotó al Atlético de Madrid por 3-1. En ese primer Teresa Herrera del Madrid, sus entrenadores fueron Pablo Hernández Coronado y Baltasar Albéniz, a la sombra del inglés Michael Alexander Keeping. Este, acabada la Copa, regresó a su país para descansar tras renovar por dos años.
Comentarios (0)