Nos duele más por Messi que por nosotros

Duele por esos 'expertos' que esperaban verle caer. No se pudo repetir. Nos ganó el mejor equipo del mundial. España tuvo muy claro desde el inicio del mundial a qué jugaba, fue de menor a mayor y el punto culminante de ese crecimiento fue el partido con Francia, el cuco del torneo, a quien borró de la cancha de manera brillante y sin atenuantes. Ante ese gran equipo iba Argentina en la final soñada de Nueva Jersey. Argentina llegó al mundial con algunos jugadores golpeados, pero que eran parte del corazón de la Scaloneta y no podían faltar. Y con Lionel el Grande, con 38 años para cumplir los 39 en plena competencia. Tenían claro que no lo iban a hacer correr como aquel Messi del Barça con 23 años, sino había que jugar para que el genio diera alguna pincelada. Y así Lionel Scaloni lo dispuso, y el equipo que siempre lo consideró "su único héroe en este lío" lo ejecutó. Tal vez nunca haya sido un equipo que maravillara desde el juego pero en los Mundiales hay que saber jugar los partidos, no maravillar. Lo que sí es innegable es que Argentina jugó a lo que tenía que jugar, porque en los primeros partidos el equipo ayudó a Lionel el Grande a batir el récord de goles, ayudó a agigantar su figura. Y cuando las cosas se complicaron maravilló desde el corazón porque ese corazón no aceptaba la derrota. Por eso ese corazón cuando se complicó con Cabo Verde salió a llevar por delante al equipo africano, con errores pero con el corazón que prevaleció. Con Egipto sentimos que se tocaba fondo, no entendíamos lo que pasaba. Pero nunca se dieron por vencidos y hay un antes y un después del minuto 78. momento en que se empezó a hacer efectiva la remontada, corazón y 2 apariciones de Messi, asistencia y gol. Fue 3 a 2 y nació la mística del equipo que no quería perder, del equipo que te va a dar vuelta el partido. Luego siguió Suiza, con alargue y corazón que vence. Y el equipo era más emocional. Llegó la semifinal, Inglaterra. Y volaron los recuerdos del partido de 1986 en el Azteca, aquellos cuartos de final con los goles de Maradona, la "Mano de Dios" y "El gol del siglo" que se repitieron hasta el cansancio. Los memes con Diego diciéndole a Leo "ahora te toca a vos" circularon hasta saturar los celulares, Y la casaca azul, infaltable. Los ingleses ignoraron esa mística del equipo que no quería perder, y cuando Inglaterra ganaba 1 a 0 se metió debajo de su arco pensando que con eso alcanzaba. Ya sabemos cómo termino, con 2 asistencias de Lionel el Grande. La final fue otra historia, triste del lado sudoeste del Atlántico, feliz del lado noreste. Así como dicen que los goles no se merecen, se hacen, también los títulos no se merecen, se ganan. Pero en el caso a España le caben ambas, merecida y ganada. Merecida por cómo jugo, y obviamente ganada. Pero al menos de este lado del Atlántico la tristeza es mayor por Messi que por haber perdido la final, porque para muchos Lionel es ese jugador mágico que saca algún conejo de la galera y nos sorprende, porque con 39 años quería ganar más que los chicos, lo disfrutaba como un nene y nos contagiaba esas ganas, nos quería dar otra alegría como en Qatar, y eso nos emocionaba y todos íbamos detrás de él. Y el sueño se rompió, como nuestros corazones. Otro motivo por el que duele es por los detractores, todos esos "expertos del fútbol y de la vida" que esperaban verlo caer para salir a pegarle porque necesitan odiar al que es mejor por motivos diversos. Esos motivos pueden ser porque juega en el club rival, porque es del país al que detestan, para imponer como superestrella del deporte de todos los tiempos al que les gusta a ellos, o sólo porque sí, porque si le pegan los otros porqué yo no. Los logros de ése que no gusta duelen, son espinas clavadas que no se pueden sacar, cicatrices que nunca van a curar. Le pasa a Messi, le habrá pasado a otros deportistas, y seguirá pasando. No necesita demostrar nada, pero haber ganado este mundial habría acallado a todas esas voces nefastas y también nos haría un poco más felices. Aunque siempre duele perder no me duele tanto haber perdido con España, por un tema de afinidad. Más me habría dolido perder con Francia porque era la gran venganza de parte de los galos por la final de Qatar, o con Alemania, por espinas clavadas. Peor aún habría dolido perder con Inglaterra, por tantos otros temas. Pero lo que más me duele es que haya perdido Messi, mi único héroe en este lío.
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